¡No había ni qué decir! Rica y
glamurosa era la ciudad que le hacía tener pesadillas y ella temía
que llegase el día en el que la visitara por primera vez.
Pero sabía que la fecha estaba cerca.
El viento se lo había contado. Le había dicho que sus temores se
acercaban. El universalmente reconocido Reino de Oro y Marfil se
acercaba sin pausa, ya había alcanzado la galaxia vecina.
Probablemente esa misma noche, si uno observaba con atención podría
verla acercarse entre las estrellas.