Una habitación vacía y una fotografía en la pared.
Todo empezó un
lluvioso día de invierno. Llevaba toda la semana sin arreciar y la tierra hacia
tiempo que había dejado de tener capacidad para absorber el agua que caía del
cielo.
En este lugar la locura no es un factor para acabar en el manicomio, ni se mira raro mientras cuentas en voz alta las ocurrencias más extrañas de tu mente. Aquí, la imaginación, la creatividad y las majaderías son un valor al alza. Abre tu mente y déjate llevar por los disparates.